
Se nos murió la primavera. Lo recuerdan los árboles desnudos, los días grises, la niebla de los amaneceres, el frío que corta la cara y recorre las calles como alma que lleva el diablo.
Se nos fue el tiempo. Como las hojas en otoño, como las caricias de la infancia. Sonó el silbato y partió. Sin pañuelos blancos, sin lagrimas pero con la tristeza asomándose por sus ojos.
Hay viajes de ida y vuelta. También los hay sin retorno. Dicen que el corazón es el mejor contrato, el que pone fecha a ese billete de vuelta que no siempre se adquiere. Uno recoge sus cosas mientras mira con melancolía los lugares que uno habita...
Nunca cierro las persianas allá donde voy, por si acaso un día vuelvo, para que la luz no deje de entrar, aunque yo me haya ido. Aunque yo no regrese.