Rojo, naranja, amarillo, verde, azul y violeta. Un rayo de sol atraviesa pequeñas partículas húmedas en la atmósfera. El punto final o, al menos, aparte de nubarrones y tormentas. Un deleite para la vista y un bálsamo para el alma.
Clic. Clic. Clic...
Estamos en el siglo XXI y uno ya no se conforma con uno sólo. Necesitamos saciar la sed de consumismo, de tener de todo un poco más de lo que nos hace falta.
Somos como aquel niño que, frente a un acantilado, llenó de brisa un bote de cristal. También nosotros intentamos meter en una jaula de oro, esa rebeldía mágica y libre como el aire.

Tras un clic, atrapamos la realidad, congelamos un instante en el tiempo, secuestramos esa imagen que desaparece en el siguiente parpadeo...
Somos cazadores de imágenes, de realidades que pueden no ser lo que vemos... Hay un espacio y un tiempo conjugados en paralelo que se superponen, uno objetivo que mira y un cerebro que ve. Un mosaico de luces y sombras, de fragmentos que son por separado, pero que pierden su sentido al unir las partes. Como la vida misma, como esa realidad que intentamos atrapar como si fuesen mariposas en primavera...
Todo es efímero, subjetivo, aliñado por nuestros defectos de fábrica,... y quizá sea esto último, nuestra particular forma de ver y sentir las cosas, de interpretar al fin y al cabo, lo que hace que algo común sea especial y viceversa…
Clic. Clic. Clic...