29.8.25

Okupas

 

Últimamente me pregunto cuántos okupas hay en mi  vida.  Desde las palomas que encontraron en el geranio un lugar donde crear el hogar de sus crías, a los insectos que  construyeron su casita de barro en el cajón de la persiana. Pero los hay muchos más peligrosos. Algunos  se cuelan en silencio o con gestos amables,  o simplemente, los invitamos a entrar.  Lobos con piel de cordero que llegan  para quedarse, que nos manipulan  con  dulces sonrisas   y minan nuestra energía.   Demasiadas situaciones  distorsionadas que el afecto no nos permite enfocar ni ver con claridad. Parásitos que nos colonizan el día a día secuestrando nuestra   voluntad  y  amor propio, mientras seguimos pagando los recibos de su escasa atención y afecto.

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