2.1.12
Un mar de fueguitos
19.12.11
Cascabel
-Mi regalo será ése precisamente, será como el agua...
-¿Qué quieres decir?
La gente tiene estrellas que no son las mismas. Para los que viajan, las estrellas son guías; para otros sólo son pequeñas lucecítas. Para los sabios las estrellas son problemas. Para mi hombre de negocios, eran oro. Pero todas esas estrellas se callan. Tú tendrás estrellas como nadie ha tenido...
-¿Qué quieres decir? -Cuando por las noches mires al cielo, al pensar que en una de aquellas estrellas estoy yo riendo, será para ti como si todas las estrellas riesen. ¡Tú sólo tendrás estrellas que saben reír!
Y rió nuevamente.
-Cuando te hayas consolado (siempre se consuela uno) estarás contento de haberme conocido. Serás mi amigo y tendrás ganas de reír conmigo. Algunas veces abrirás tu ventana sólo por placer y tus amigos quedarán asombrados de verte reír mirando al cielo. Tú les explicarás: "Las estrellas me hacen reír siempre". Ellos te creerán loco. Y yo te habré jugado una mala pasada...
Y se rió otra vez.
-Será como si en vez de estrellas, te hubiese dado multitud de cascabelitos que saben reír...
Volver a creer
12.12.11
Dime hacia dónde se inclina la balanza
Dicen que la vejez empieza cuando los recuerdos pesan más que las esperanzas, cuando los colores dejan paso a los tonos grises y pardos, y los viajes siempre tienen billete de vuelta.
Bajo las arrugas y las canas fluye, en muchos casos, un espiritu inquieto que, sin correr, sigue caminando saboreando cada paso, viviendo cada día como si fuese el penúltimo,... porque como dicen estos sabios con artrosis y reumas, ellos por ley de vida se irán antes... y nos dejarán el listón bien alto, añadiría yo...
14.11.11
¿qué es el tiempo?
19.9.11
Nadie puede dejar de ser quien es...
[…]
—Llegamos demasiado tarde a la vida de los hombres que amamos. ¿Cómo podemos saber qué hicieron antes de conocernos?—razonaba ella.
Mi madre decía que las mujeres se equivocaban al creer que podían enseñar a los hombres a empezar junto a ellas una nueva vida. Esto no era posible, porque nadie podía separarse de su pasado.
[…]
Morimos en las palabras que no llegamos a pronunciar, morimos en la tristeza de los que pierden la vida esperándolas. Las palabras que habrían podido ayudarles, y que no llegamos a pronunciar nunca, son el único pecado que no nos será perdonado.
[…]
Ninguna vida se basta a sí misma, y necesitamos las vidas y los sueños de los demás para completarnos.
[…]
me dijo algo que no he olvidado, que deberíamos aprender a mirar las cosas con unos ojos así, los ojos con que las mirarían los muertos que amamos si pudieran volver al mundo.
[…]
Me di cuenta de que estaba sola y necesitaba de aquello para seguir viviendo, pues no podemos vivir sin esperanza. Llaman a la puerta, y corremos a abrirla; escuchamos el sonido del teléfono y lo descolgamos llenos de ansiedad.
Siempre confiamos en que alguien nos hable, que vengan a visitarnos los que nos gustan.
[…]
Creo que fue la primera vez que sentí el peso de todo lo que se transforma en pasado, de lo que se va de tus manos y sabes que no volverás a tener.
[…]
La vida era un río y nosotros íbamos en una barca quela corriente se llevaba. No podía detenerse, no podíamos hacerla regresar.
[…]
—No conocemos a nadie, y mucho menos a las personas que amamos —decía mi madre—. El amor nos hace pensar que son como nosotras queremos, pero esto no es cierto. Es el miedo a la soledad lo que nos confunde.
No nos cansamos de que nos hablen de los que amamos, no nos cansamos de escuchar lo que nos cuentan de ellos, aunque sepamos que son mentiras.
[…]
¡Qué fácilmente olvidan los niños! Alguien se ahorca en un árbol y, unos días después, ya andan subidos a sus ramas ajenos a la desgracia. Son ellos los que ofrecen a la vidala inocencia y el olvido que precisa para continuar. Y eso hacías tú conmigo. No te separabas ni un momento de mí y me ayudabas a sobrellevar mis penas. Pero no puedes ni imaginarte lo rápido que crecen los niños. Los tienes contigo y un buen día, cuando vas a darles el beso de cada noche, descubres que hay un muchacho o una muchacha en su cama.
[…]