Olvidarla sería cometer un pecado mortal. Sería renunciar a la tierra donde hundir las raíces interiores, y sembrar los sueños, sin importar cuál sea el abono que nutre el día a día...
Imaginarla es vivirla, es cerrar los ojos y soñar… un deleite para los sentidos que parecen despertar en esos rincones donde el silencio acampa, y hasta se puede sentir el latido de la vida.
Amarla. Yo no podría dejar de hacerlo, de sentirla, de soñarla,… de buscarla, cuando el brillo de la ilusión desaparece de la pupila, y la energía escasea.… como bebe que busca el cobijo en los brazos de la madre…