17.8.22

V

 

Aquellos mensajes eran botellas  que el mar arrojaba a mis  pies erróneamente.  No pedían auxilio, al menos explícitamente;  pero me imaginé tantas situaciones detrás de  ellos,  que cada vez entendía menos   el comportamiento de quien los enviaba ni de quien los  recibía…

Por qué seguimos recordando viejas canciones que nos llevan a momentos  únicos, pero no por ello felices, por qué nos seguimos fustigando con las dudas cuando podríamos   intentar aclararlas  si las expresásemos en voz alta,  por qué preferimos seguir  mirando hacia otro lado, como si no fuesen con nosotros las cosas en lugar de dar un paso al frente…

Por qué …

Por qué …

 

Por qué cuando pasaban semanas en silencio, me preguntaba si se habría cansado  ya, si estaría bien, …  La vida era eso, esperar el siguiente mensaje

27.6.22

IV.

 

¿A quién iban dirigidos aquellos mensajes? ¿Quién seguía pensando en  “mi” en cada atardecer, en cada  arcoíris,  en tantos detalles sencillos del día a día? ¿Quién era “yo”?

Lo admito, hubo momentos en los que  sentí miedo, en  los que pensé en bloquear su número,  pero también los hubo en los que me pregunté de quien había sido anteriormente mi número de teléfono, qué le había pasado, qué tipo de  relación “nos” unía, y hasta cuándo iba a seguir compartiendo  momentos “conmigo” aunque  sólo  recibiese silencio por mi lado. 

Con cada mensaje  volvía a poner  preguntas sobre la mesa, y a hacerme sentir un obstáculo en esa comunicación  unidireccional.  Me preguntaba hasta cuándo iban a seguir llegando mensajes, pero sobre todo, por qué no era capaz de contestar  un escueto “ te has confundido”, o algo como  “Este número me lo acaban de asignar y desconozco quien eres”

5.5.22

III

Y siguieron llegando mensajes y fotos, compartiendo atardecer  y arcoíris, besos y abrazos envueltos en mantitas de colores…

Y   tras cada foto, emoticono o palabra, siempre la misma pregunta.. ¿A quién iban dirigidos? ¿Quién se estaba perdiendo esas caricias?

3.2.22

Empezar de nuevo

 

Después de tantos días grises, de  caminar en el alambre a varios metros  sobre el suelo sin red, de sentir el miedo en cada paso que das, uno se envalentona y da un pequeño paso al frente. Tan minúsculo como significativo.  Es una promesa a uno mismo, un carpetazo a un tiempo pasado, una tirita sobre esa herida hurgada en demasiadas ocasiones. Es poner el punto final a un prólogo demasiado largo, para empezar a escribir el primer capítulo.

No hay un botón de reset, aunque a menudo nos hubiese gustado. Tampoco un control-z, ni siquiera un control-c o un restaurar ajustes de fábrica.

Pero en esta sociedad  actual, uno puede nacer virtualmente tantas veces como quiera, vestirse de domingo aunque sea lunes, y ser el más alto, rubio y con ojos claros de todo el barrio, con tan sólo desearlo.  

Empecemos...

26.10.21

Se fue ...

 Se fue Carlos y  seguí  recordándole  en cada aguada, en cada pincelada…

Se fue Edu y  sigue presente en mi vida con cada sonido en ingles que se cruza en mi vida,..

Seguramente Julia también se ha ido, y me pregunto cómo voy a recordarla. Quizá en cada arcoíris, en cada  “esto también pasara”, en todas esas mantitas de colores,..

2.9.21

Eco y silencio

Parece que  los días son cuentas de un collar infinito hasta que la vida te hace  frenar y levantar la vista del suelo. Y ahí, frente al abismo, dejamos de vivir con el piloto automático, al menos durante un tiempo, mientras la rutina va diluyendo esa percepción de lo efímero que es todo...

La realidad nos abofetea, cae sobre nosotros como un jarro de agua fría, y temblamos durante un tiempo… después volvemos sobre nuestros pasos en la mayoría de los casos…

Hay un tiempo en el que nuestra lista de contactos en el teléfono crece sin parar… hay otro tiempo en el que la vida nos lleva a borrar contactos, definitivamente...

A veces suena eco al otro lado… y uno se vuelve a pasear por  conversaciones pasadas, como quien intenta detener el tiempo para no ver, que ya nadie nos va a contestar ..
Edu. 02/09/2021