19.4.06

Miramos

Nacemos y descubrimos que nuestra piel es un papel fotográfico donde la vida se revela como si fuesen fotografías. Somos carretes esperando ese algo que impulsa a grabar una imagen en nuestra retina, en nuestra memoria. Todo parece girar alrededor de nosotros, y sin embargo, somos nosotros los nos movemos. El tiempo cuartea nuestros rostros y nuestras vivencias. Los tiñe en tonos sepia. Juega a esconderlos en el baúl de los recuerdos y de los olvidos.

Todos estamos hechos del mismo barro, pero no con el mismo molde. Miramos el mismo paisaje, pero no vemos lo mismo. Nuestras pupilas son niñas caprichosas que elevan ese algo común en algo extraordinario. Se dejan seducir como eternas adolescentes. Empapan su mirada en el brillo que flota en el aire. Guardan en pequeños frasquitos de cristal ese instante, ese olor, esas imágenes, esas sensaciones que recorren nuestro cuerpo...

Detrás de cada primavera viene un verano. Los años se suceden inevitablemente, como los inviernos a los otoños. A veces, conseguimos parar el tiempo. Con ojos emocionados y manos tímidas, abrimos uno de esos botecitos. La magia vuelve a inundar nuestros poros. Volvemos a acariciar con la mirada alguna de esas imágenes. Revivimos aquellos momentos que siempre serán eternos...

12.4.06

Repasamos

Nacemos y empezamos a cumplir años. Hay días en los que parece como si asistiésemos a una sala de cine donde se proyecta una película que nos suena conocida, vivida, relatada con nuestra propia voz, fotografiada con nuestras pupilas, con un guión manuscrito por nosotros mismos.

Volvemos a ser niños y a correr por las eras, absortos en nuestros juegos infantiles y despreocupados por todo aquello que ocurra más allá de las fronteras que marcan las montañas que nos rodean.

Nos peinábamos con coletas, y escuchábamos cómo los mayores leían El Quijote en la escuela cada tarde. Fuimos felices. Vivíamos en un mundo donde era primavera todo el año, aunque el frío colorease nuestra nariz.

Crecimos, maduramos aun siendo niños. A algunos nos robaron parte de nuestra infancia. Pagamos un alto precio por aprender, por vivir, por crecer. El político o funcionario de turno decidió que era lo mejor para nosotros, para mi. Siempre será maldito en mi memoria igual que aquellos días tienen sabor agridulce. Mirar atrás es desenterrar recuerdos cubiertos de olvido, endulzar momentos mientras encontramos el germen de nuestro carácter, de nuestra forma de ver y afrontar la vida.

Fuimos condenados al destierro, a una vida nómada y solitaria. Quizá por eso, valoramos tanto lo que intentaron arrebatarnos. Somos aves migratorias. Regresamos a ese punto donde hemos hundido nuestras raíces buscando un lugar de identidad, un refugio.

Miramos el film, y sentimos que hemos sido marionetas del destino. Hemos pronunciado adioses que helarían el mismo infierno, y hemos cerrado puertas que jamás volveremos a abrir. Hemos aprendido a vivir con el tupido velo del olvido.

No se puede justificar nuestro ahora con aquel entonces. Somos responsables de nosotros mismos, de nuestras decisiones, de nuestros fracasos. Recogemos lo que sembramos, aunque a veces el suelo sea poco fértil. Las lluvias primaverales no garantizaran la cosecha, igual que una abundante recolección no avala la felicidad...

11.4.06

Nos aventuramos

Nacemos y nuestros lloros son el punto de salida de nuestra travesía. El inicio de una aventura en la que somos capitanes de un barco y responsables de su timón. Navegamos por mares en calma y hay otros momentos, en los que sentimos la adrenalina recorriendo nuestras venas en medio de la tormenta. Achicamos agua, y quizá nos planteemos alguna vez, sino deberíamos saltar por la borda y abandonar ese bote a la deriva.

Mientras fuimos niños, nos ayudaron a mantener firme el rumbo camino de un horizonte que no escogimos nosotros. Sentimos unas manos firmes que apoyadas junto a las nuestras cuando el barco parecía zozobrar.

Hemos ido surcando mares y cruzando estrechos. Tenemos callos en nuestras manos de tanto sujetar las velas. Somos responsables de la ruta que hemos escogido, de los puertos donde atracaremos, y de las provisiones que escogemos.

Nos dijeron que vivir era asumir riesgos, que el que nada arriesga, nada tiene, nada es...

Algunos aprendimos a disfrutar con los retos, y nos embarcamos en una aventura con destino desconocido. Hemos jugado con fuego y tenemos nuestra piel tatuada con quemaduras. Nos convertiremos en ceniza, pero nos fascinan las hogueras.

Hemos teñido con nuestra sangre las rosas. Sus espinas se han hundido en nuestra piel mientras las acariciábamos… y sin embargo, sólo recordamos su belleza y su aroma

5.4.06

Damos

Nacemos y morimos solos, aunque el camino lo recorramos acompañados. Fuimos bebés con eternas sonrisas y ojos repletos de esperanzas. Repartimos miradas tiernas y las primeras sensaciones de tantas y tantas sorpresas.

Sin ser conscientes, íbamos sembrando ilusión en los ojos de los que nos miraban. Nadie nos lo dijo, pero dimos vida a los que nos cogieron de la mano para dar nuestros primeros pasos, a los que nos enseñaron a decir nuestras primeras palabras, a los que nos cuidaron mientras estuvimos enfermos, a los que se cruzaron en nuestros paseos...

Fuimos generosos cuando compartimos aquellas primeras veces en tantas cosas. Nuestro entusiasmo era el mejor antibiótico ante el cansancio de la rutina de los mayores.

Crecimos, y el egoísmo fue la mala hierba que creció en nuestros sembrados, las nubes que ocultaron el sol de algunos de nuestros días…

Algunos se han pasado la vida dando sin pedir nada a cambio, recogiendo migas que a otros sobran y, que para ellos, han sido tesoros. Descubren que están cansados, vacíos. Sienten que han ido regando con su ilusión los sueños de otros, y se pregunta dónde están las suyas. Son viejos pelícanos que no dudan en alimentar con su sangre.

Damos, y nos sentimos felices cuando extendemos la mano, cuando miramos el brillo de la ilusión en unos ojos…

31.3.06

Rascamos

Nacemos y alguien nos dice que con esas manos moldearemos un mundo de barro y sentimientos. El tiempo ha sido un espectador impasible que nos ha visto crecer mientras nos asomábamos a ese espejo donde nos reflejamos.

A veces, sentimos la necesidad de abrir esa ventana de nuestro interior. Vemos lo que somos, escuchamos cómo los demas nos ven, y nos preguntamos cuánto tendremos que rascar en nuestra piel para descubrir cómo es realmente el que se esconde bajo ella.

Hay momentos en los que necesitamos encontrar respuestas a preguntas que vemos escritas en un atardecer, en una gota de rocío, en una mota de polvo.

Dicen que el futuro está anotado en un papel, bajo una pegatina que debemos rascar. Algunos escogen guardar ese sobre cerrado en los bolsillos del olvido, otros prueban su suerte observándolo a contraluz, y los menos, frotan ese cuadradito con manos firmes y ojos brillantes de esperanzas...

Hay instantes en los que nos olvidamos que el día a día se llena de rutina, que es necesario frotarlo, e incluso rascar para encontrar ilusiones bajo esa capa de tedio que nos ahoga.. Eso es para algunos, la vida. Eso somos nosotros

29.3.06

Agradecemos

Nacemos y construimos un mundo con sabor dulce, bañado en colores brillantes donde todo es posible con sólo cerrar los ojos.

Crecemos siguiendo la vereda de ese río que nos separa de los demás, mirando hacia la otra orilla y anhelando ese espacio donde todo parece más paradisíaco. Soñamos con perdernos por allí, con impregnar nuestra piel con esos aromas y con saborear los manjares que allí crecen.

Algunos días dejamos que la tristeza nos inunde el alma, y nos haga sentir desgraciados. Permitimos que los tonos grises tiñan nuestra mirada y nos olvidamos que los que viven en el otro lado de ese río, que a veces parece mar y otras un simple hilo de agua, envidian nuestro edén...

Somos victimas y verdugos, esclavos de esos pensamientos y de esas sensaciones que nos contaminan, de esa soledad que a veces resulta irrespirable.

Desde el margen de este riachuelo crecido con las lluvias, apenas si se pueden vislumbrar los almendros en flor. Bajo mis pies las primeras margaritas acarician los primeros rayos de sol primaverales.

Es el momento de renacer, de podar las ramas secas y abonar esos brotes, de recordar el invierno y conjugar el presente entre campos preñados de amapolas. Es tiempo de descubrir en los ojos ese brillo que dice más que las palabras, de expresar tantas y tantas cosas que se dicen en silencio.

A veces se subestima y no se sospecha hasta que punto algunos detalles, algunos mensajes fueron importantes para los que los recibieron, para mí. Es hora de compartir una sonrisa, un guiño y pronunciar un gracias...

26.3.06

Buscamos

Nacemos y morimos solos. Es la condición más nuestra de todas, o al menos así pensamos muchos. Fuimos tímidas margaritas que se asomaron cada primavera en el jardín de nuestra infancia, sonrisas picaras y ojos brillantes de ilusión cuando las mariposas aparecían en nuestra pradera. Creíamos que frotando aquella lámpara, que recuperamos de los escombros, tendríamos a nuestro alcance un mago que cumpliese nuestros deseos.

Crecer nos alejó de aquel paraíso. Fuimos cometas que arrastró el viento de las ambiciones, de un futuro mejor o de un destino caprichoso.
La tranquilidad es algo tan frágil como la tela de una araña. Un día, nos preguntaron inocentemente qué soñábamos ser de mayores cuando éramos niños, y sin pretenderlo destaparon un nido de serpientes. El tiempo no puede borrar lo que nunca existió. Nunca pusimos nombre al futuro. No nos atrevimos a soñar en voz alta. Quizá tuvimos miedo a que nuestras palabras fueran mágicas y se convirtiesen en realidad.

Hemos ido cogiendo trenes en marcha, a menudo sin mirar hacia que destino nos llevaban. Hemos amanecido en lugares desconocidos, y ahora nos preguntamos sino es el momento de regresar sobre nuestros pasos, y buscar esa lámpara que perdimos en el camino...

21.3.06

Pintamos

Nacemos y la oscuridad se convierte en luz, aunque a veces sólo veamos tinieblas. Vivíamos en un mundo lleno de colores mientras fuimos niños. Nos dejábamos impresionar por aquellos tonos brillantes que nos acompañaron como si fuesen nuestra segunda piel, y la de ese espacio que nos rodeaba. Nos enseñaron sus nombres y aprendimos a colorear las figuras como aquel que descubre una esperanza en medio de la desilusión.

Crecimos y nuestra paleta de colores fue decreciendo. Dejamos de ser osados. Abandonamos algunos tonos, y empezamos a vivir en los neutros.

Algunos delinean sus días en blanco y negro, entintan de tonos grises sus esperanzas y sus miedos, dejan que las sombras tapen sus ilusiones.

Dicen que no hay nada más maravilloso que perderse en una mirada. Asomarse a ese mundo desconocido que se oculta tras esa cortina de aguas cristalinas, y dejarse seducir por esos tonos turquesas que nos desafían y nos retan. Nada más hermoso que ver el mundo reflejado en ese espejo líquido.

Algunos ven la tormenta; otros el arco iris que las suceden. Unos entornan su mirada para ver su biografía en sepia; otros intentan poner tonos alegres en su vida y abren bien sus ojos para no perderse nada de lo que allí sucede...

Cada día es un lienzo donde cada uno pinta un fragmento de su vida...