En medio de la tormenta siempre hay algo a lo que agarrarse para no dejarse hundir. A menudo encontrar ese asidero no es fácil y, no siempre es lo suficientemente consistente para mantenernos a flote. Los retos nos ayudan a mantener la mirada fija en un objetivo y no dar demasiada importancia al resto que nos rodea. No es ignorar, sino priorizar. Valorar el esfuerzo y energía. Los resultados parciales nos ayudan a seguir. La adrenalina engancha. Nos empuja a seguir, pero hay momentos en los que nuestra fuerza de voluntad se tambalea, nuestra mente nos cuestiona, y quizá es momento de recalcular las situaciones.
4.9.25
30.8.25
Epilogo
Hoy si siento que se ha puesto el punto final. Ya no hay epílogos
que escribir, ni puertas entreabiertas. Quizá
nunca las hubo. Quizá sea mejor así. Pero
cuesta. Falta energía y oportunidades. No
es fácil. Nadie dijo que lo fuese. Hoy vuelvo a conjugar en alto el verbo
empezar, como un mantra que me repito para autoconvencerme, y seguir dando pasos.
Aunque esos nunca he dejado de darlos aunque sea tímidamente…
29.8.25
Okupas
Últimamente me pregunto cuántos okupas hay en mi vida. Desde las palomas que encontraron en el geranio un lugar donde crear el hogar de sus crías, a los insectos que construyeron su casita de barro en el cajón de la persiana. Pero los hay muchos más peligrosos. Algunos se cuelan en silencio o con gestos amables, o simplemente, los invitamos a entrar. Lobos con piel de cordero que llegan para quedarse, que nos manipulan con dulces sonrisas y minan nuestra energía. Demasiadas situaciones distorsionadas que el afecto no nos permite enfocar ni ver con claridad. Parásitos que nos colonizan el día a día secuestrando nuestra voluntad y amor propio, mientras seguimos pagando los recibos de su escasa atención y afecto.
9.8.25
tic tac
Tic tac,..
tic tac, …
La arena sigue cruzando ese puente estrecho que une el antes y el después. La miramos hipnóticos mientras nos lamentamos
que no sepamos parar su descenso. Somos prisioneros
del movimiento del péndulo, como conejos deslumbrados en la noche por los faros
de un coche.
Tic tac,..
Tic tac,..
Dicen que los niños tienen el secreto para que su tiempo sea
eterno. Su curiosidad y modo de mirar
todo como si fuese la primera vez, y su energía inagotable les sumerge en mundos por descubrir. Nada es monótono, nada es aburrido por que en
el aburrimiento ellos encuentran escondrijos por los que salir con su
imaginación. Son sabios, y no necesitan saberlo.
Tic tac,..
Tic tac,..
No hay botón para parar ese
sonido que nos martillea el cerebro como una rutina. ¿Lo oyes?. Si lo escuchas,
algo no estás haciendo. Recupera
esos ojos del niño que todos fuimos y lánzate a ver las cosas como ellos las
ven…
1.8.25
Afectos secuestrados
A veces no somos conscientes, pero somos prisioneros de nuestra lealtad. La realidad nos intenta abrir los ojos con hechos, una y otra vez, y aunque lo vemos, no pasamos página. No es suficiente ese jarro de agua fría que te sitúa en la evidencia. Seguimos secuestrados en afectos pasados, en normas obsoletas o en quieros y no puedo.
28.3.25
Despertando a la primavera
3.3.25
Rosa la del Peñita
A menudo me acuerdo de ella, sentada en la entrada de una puerta que ya no está, con su ganchillo tejiendo puntillas blancas, que deshacía cuando el hilo se acababa para volver a empezar de nuevo. Recuerdo quedarme embobada mirando cómo lo hacía, verla enrollar la tira que poco a poco iba creando. También la sorpresa cuando pasados unos días, volvía a ver el ovillo grande y las manos vacías.
5.2.25
El miedo al olvido
Día a tras día nos asomamos a estas ventanas de Internet, que igual que nos recomiendan productos, nos dan clases de cocina o trucos de limpieza, y a menudo, esos creadores de contenido como se hacen llamar, justifican su continuo bombardeo con el algoritmo que las redes sociales usan.
A menudo me preguntó si detrás de ese continuo agite de sus contenidos, no existe un miedo a desaparecer. “Que hablen de ti, aunque sea mal” es un dicho castellano que todos hemos oído cientos de veces, aunque a veces algunos preferimos bajarnos del escenario y caminar sin rumbo ni miradas.
¿No habrá miedo a que se olviden de ti? Quizá ese sea el precio por darte espacios para respirar y vivir sin el foco continuo. También el peaje de ser libre y poder volar sin miedo…