A veces uno se pregunta cuál es ese extraño mecanismo que rige la mente, por qué hay personas que sólo necesitan mirarse a los ojos para comunicarse y otras, nunca tendrán suficientes palabras para hacerse entender por más que lo intenten.
Parece como si algunas personas estuviésemos condenados a no encontrar un punto de coincidencia, a caminar por caminos opuestos, a no encontrarnos en este laberinto de apenas un metro cuadrado.
Uno se pregunta cómo puede despejar esa incógnita en la ecuación de la vida y conseguir que dos imanes dejen de repelerse.
Hay días, como hoy, en los que uno busca ese procedimiento dónde se nos indica cómo relacionarse correctamente e investiga, dónde está el botón que invierte los desencuentros, que calma los nervios y hace a las personas un poco más receptivas..