Es probable que pase desapercibido, camuflado entre la celeridad con la que vivimos el paso del tiempo, vestido de gotas de lluvia u oculto en la sombra de alguna estrella en la noche. Seguramente necesitemos caminar algunas lunas más hasta darnos cuenta de que en algún momento hemos dejado atrás ese punto de difícil retorno. Quizás prefiramos seguir soñando en voz alta, autoengañándonos, o simplemente pataleando antes de asumir que en algún momento las reglas del juego cambiaron. O tal vez, nada cambió. Sólo nosotros, o nuestra manera de ver y enfrentarnos a ellas.
Posiblemente no podamos evitar ese instante fatídico en el que nuestra realidad se rompe, en el que los principios cambian y lo que un día fue todo se convierte en nada. Seguramente necesitemos dejar que el tiempo doble nuestra esquina antes de asumir la relatividad de las cosas y, buscar en ese equipaje lo que pusimos sin querer o lo que dejamos sin echar.