18.1.06
Reímos
Nacemos y el mundo se nos muestra borroso. Crecemos y las cosas comienzan a tomar forma y sentido. Miramos con ojos asustados, esa realidad desconocida y comenzamos a hacer preguntas que satisfagan nuestra inmensa curiosidad. Subidos a una banqueta, nos asomarnos a la ventana y esperamos ver nuestros sueños. Pasamos del llanto a la risa con la misma facilidad con la que una mariposa levanta el vuelo. Reímos y el mundo se ilumina; los problemas desaparecen, y las estrellas parecen brillar más que nunca. Sonreímos, y el niño que albergamos en nuestro interior vuelve a renacer en nosotros. Nos ilusionamos como cuando subíamos a un columpio, y creíamos tocar el cielo con los pies. Entonces, no lo sabíamos… pero nuestra risa contagiosa era la mejor medicina para los demás…
16.1.06
Nacemos
Nacemos y empezamos a escribir nuestra propia historia. Siempre avanzamos como el agua del río deslizándose hacia el mar. Cargamos sobre nuestras espaldas recuerdos y vivencias. Tenemos en el alma cicatrices que no dejaron huella en nuestra piel.Nuestra conciencia es nuestro juez, y la memoria el libro que dejaremos escrito, o al menos dictado. Crecemos y escogemos nuestro camino en el laberinto en el que nos vemos inmersos. Rebuscamos en los bolsillos palabras que hablen por nosotros, que lleguen como dardos al centro de la diana. A veces nos sentimos impotentes, cuando sentimos que no somos capaces de expresar ese remolino de sentimientos y sensaciones que nos inunda el corazón.
Soñamos con que nos quieran y querer, con que no nos olviden nunca, y seamos esa sombra que camina a su vera, agarrada a su mano.
14.1.06
Sin palabras
Quisiera que tú me entendieras a mí sin palabras.
Sin palabras hablarte, lo mismo que se habla mi gente.
Que tú me entendieras a mí sin palabras
como entiendo yo al mar o a la brisa enredada en un álamo verde.
...
Sin palabras hablarte, lo mismo que se habla mi gente.
Que tú me entendieras a mí sin palabras
como entiendo yo al mar o a la brisa enredada en un álamo verde.
...
12.1.06
9.1.06
Nkuwu
Los días en Nkuwu transcurrían lentos y silenciosos. No había relojes que marcasen el ritmo del tiempo, ni pautas que seguir. Las mañanas se despertaban entre sabanas de niebla. El sol posaba sus pies sobre alfombras heladas.
En Nkuwu todo se reduce a la esencia. Es volver a vivir sin agobios, sin agenda; redescubrir el silencio, y el sonido del viento; ver como los colores se intensifican cuando los rayos de sol calientan los paisajes; oler la tierra y la fragancia de los pinos.
En aquellos días el tiempo pareció detenerse, como las aguas de los ríos helados. Sólo fue un espejismo; el tiempo pasa aunque la cuerda del reloj se haya acabado.
En Nkuwu todo se reduce a la esencia. Es volver a vivir sin agobios, sin agenda; redescubrir el silencio, y el sonido del viento; ver como los colores se intensifican cuando los rayos de sol calientan los paisajes; oler la tierra y la fragancia de los pinos.
En aquellos días el tiempo pareció detenerse, como las aguas de los ríos helados. Sólo fue un espejismo; el tiempo pasa aunque la cuerda del reloj se haya acabado.
7.1.06
Pantanos de tiempo
Si hoy pudiera pondría una presa a ese río que es el tiempo. Crearía un pantano donde almacenar cada uno de esos minutos que siento instantes no justamente aprovechados. Regaría con goteo las ilusiones, los sueños para que nunca se secasen, para nunca dejasen de crecer.
Y cuando estoy contigo, y las horas vuelan tan deprisa como águilas imperiales, abriría la compuerta para que nuestras conversaciones no acabasen nunca.
4.1.06
Reyes Magos
Han pasado muchos años desde la última vez que les escribí. Por aquellos tiempos yo era una niña que con letra redondita les pedía muñecas y otros juguetes. Han pasado tantos años desde entonces, que me faltan dedos en las manos para contarlos.
Mañana volverán a recorrer a lomos de dromedarios, caballos, o preciosas carrozas mecánicas muchos puntos de la geografía. Sentarán en sus rodillas a cientos de niños que les contarán lo buenos que han sido y la ilusión que les hace que les dejen este o aquel juguete. Serán los responsables del brillo de sus ojos, y de ese nerviosismo que a unos les hará hablar sin parar y a otros enmudecer.
Será la primera vez que les vea pasear por estas calles y lo haré desde las pupilas de alguien que les espera impaciente desde hace semanas, que ha dictado su carta porque todavía es muy pequeña para escribirla y cuando les ve por la televisión, frota sus manitas y exclama ¡qué pronto vamos a vernos!
Ahora me toca a mi escribir la mia. El año pasado no os pedí nada, pero me trajisteis muchísimas cosas que jamás había soñado. Me enseñasteis que mi felicidad está fundamentalmente en mí. Me trajisteis amigos de otros lugares y algunos se quedarán para siempre en mi corazón y en mi vida. Me dejasteis vuestra estrella para que me acompañase en el camino y no me sintiese sola y desamparada en mitad de la noche. Me regalasteis sonrisas e ilusiones.
Esta vez tampoco os pido nada para mí. No hay ningún regalo mejor que ver a mi gente más querida feliz e ilusionada, con ganas de levantarse después de cada caída, esperanzada porque mañana será su gran día, con fuerzas para seguir en esa montaña rusa que es la vida. Me gustaría verles sonreír cada mañana, ilusionados en cada amanecer como mañana lo estarán miles de niños, valientes como cuando se acerquen a ustedes y les susurren al oído sus sueños.
Apenas si quedan unas horas para vernos… y para sentir su magia más cerca, la ilusión que siembran en tantos y tantos corazones, la esperanza que se mezcla en la tinta de tantas cartas como ésta…
Yo, como tantos niños, también les sueño, también les quiero…
Mañana volverán a recorrer a lomos de dromedarios, caballos, o preciosas carrozas mecánicas muchos puntos de la geografía. Sentarán en sus rodillas a cientos de niños que les contarán lo buenos que han sido y la ilusión que les hace que les dejen este o aquel juguete. Serán los responsables del brillo de sus ojos, y de ese nerviosismo que a unos les hará hablar sin parar y a otros enmudecer.
Será la primera vez que les vea pasear por estas calles y lo haré desde las pupilas de alguien que les espera impaciente desde hace semanas, que ha dictado su carta porque todavía es muy pequeña para escribirla y cuando les ve por la televisión, frota sus manitas y exclama ¡qué pronto vamos a vernos!
Ahora me toca a mi escribir la mia. El año pasado no os pedí nada, pero me trajisteis muchísimas cosas que jamás había soñado. Me enseñasteis que mi felicidad está fundamentalmente en mí. Me trajisteis amigos de otros lugares y algunos se quedarán para siempre en mi corazón y en mi vida. Me dejasteis vuestra estrella para que me acompañase en el camino y no me sintiese sola y desamparada en mitad de la noche. Me regalasteis sonrisas e ilusiones.
Esta vez tampoco os pido nada para mí. No hay ningún regalo mejor que ver a mi gente más querida feliz e ilusionada, con ganas de levantarse después de cada caída, esperanzada porque mañana será su gran día, con fuerzas para seguir en esa montaña rusa que es la vida. Me gustaría verles sonreír cada mañana, ilusionados en cada amanecer como mañana lo estarán miles de niños, valientes como cuando se acerquen a ustedes y les susurren al oído sus sueños.
Apenas si quedan unas horas para vernos… y para sentir su magia más cerca, la ilusión que siembran en tantos y tantos corazones, la esperanza que se mezcla en la tinta de tantas cartas como ésta…
Yo, como tantos niños, también les sueño, también les quiero…
3.1.06
La llave de la dicha
Cuando gira el pomo de esa puerta y la cruza, el tiempo pierde su sentido. Es un billete a un tiempo en el que los aromas de pasado perfuman el presente, y los recuerdos siguen galopando tras las colinas hasta esconderse tras los pinos. Allí, en medio de aquella cima, el mundo parece postrado a sus pies. La libertad es como el aire que enreda sus rizos y el viento que borra sus preocupaciones.
La felicidad, o al menos la suya, es eso. Perder la mirada en el horizonte entre las tierras rojizas, los verdes pinares y ese inmenso cielo azul. Sentir el aire frío del norte en su cara. Vivir un nuevo atardecer que tiña de tonos rosados el paisaje.
Cada uno es dueño de la llave de su felicidad, de su dicha... o eso, al menos, ella piensa. Aunque a veces cueste recorrer kilómetros por empinados caminos y zambullirse en océanos hasta encontrarla.
La felicidad, o al menos la suya, es eso. Perder la mirada en el horizonte entre las tierras rojizas, los verdes pinares y ese inmenso cielo azul. Sentir el aire frío del norte en su cara. Vivir un nuevo atardecer que tiña de tonos rosados el paisaje.
Cada uno es dueño de la llave de su felicidad, de su dicha... o eso, al menos, ella piensa. Aunque a veces cueste recorrer kilómetros por empinados caminos y zambullirse en océanos hasta encontrarla.
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