29.6.23

Sensación de vivir

Soy la chica que escribe con puntos suspensivos…

Que lleva demasiado tiempo arrastrando los pies por inercia, que dejó varados algunos de sueños, y se olvidó conjugar la vida en primera persona…

Soy la chica que se esconde entre las metáforas y los silencios…

Que no se atreve a mirarse al espejo al levantar, que no quiere poner palabras a lo que siente, que teme caer y no poder levantarse…

Soy la chica que ha descubierto que se ha olvidado de sonreír…

Que no se reconoce en las fotos de los últimos años, que ha cambiado diálogos por monólogos ajenos llenos de ruido…

Soy la chica tímida y vergonzosa que enrojece rápidamente…

Que sigue soñando con pasar desapercibida, para que nadie le haga daño…

Soy la chica que escribe con puntos suspensivos…

Porque los puntos suspensivos son sueños por cumplir, las palabras no dichas pero sentidas, las caricias sin destinatario, los besos robados a la memoria,...

Porque los puntos suspensivos son los latidos del corazón, el brillo de unos ojos dispuestos a disfrutar, la mano tendida que uno está dispuesto a agarrar….

Soy la chica de los puntos suspensivos, que sigue buscando  arcoíris…


11.6.23

IX

 

Durante mucho  tiempo vi en aquellos  mensajes extraviados,  manos que buscaban asidero para seguir a flote. También manos tendidas dispuestas a no soltarte y ayudarte a  continuar; abrazos sinceros  que intentaban insuflarte energía   y ganas de vivir, oxígeno puro para unos pulmones cansados de  respirar aire contaminado.

Me sentí impostora, dueña de  caricias que no me correspondían, de besos que tenían otro  destinatario,   y confidencias que no eran para mí. Y sobre todo, egoísta. Por hacer nada para descubrir el malentendido,   y seguir disfrutando de migas de afecto.  Cuántas veces me pregunté si era justo seguir en silencio, qué pensaría aquel remitente  que seguía sin respuesta a su mano tendida…

18.9.22

VI

“Te echo de menos”

No eran para mí, aunque me hubiese encantado ser su destinatario. Sentir que era algo para alguien, que alguien en algún lugar seguía pensando en mí y lo hacía con cariño. En este mundo en el que la indiferencia es una pandemia que nos acabara engullendo, esas cuatro palabras  de un remitente desconocido eran un bálsamo para mis heridas, una caricia  en una piel sedienta de contacto.   Eran el soplo de primavera, el brote verde del viejo olmo herido por el olvido, que soñaba con seguir latiendo…


17.8.22

V

 

Aquellos mensajes eran botellas  que el mar arrojaba a mis  pies erróneamente.  No pedían auxilio, al menos explícitamente;  pero me imaginé tantas situaciones detrás de  ellos,  que cada vez entendía menos   el comportamiento de quien los enviaba ni de quien los  recibía…

Por qué seguimos recordando viejas canciones que nos llevan a momentos  únicos, pero no por ello felices, por qué nos seguimos fustigando con las dudas cuando podríamos   intentar aclararlas  si las expresásemos en voz alta,  por qué preferimos seguir  mirando hacia otro lado, como si no fuesen con nosotros las cosas en lugar de dar un paso al frente…

Por qué …

Por qué …

 

Por qué cuando pasaban semanas en silencio, me preguntaba si se habría cansado  ya, si estaría bien, …  La vida era eso, esperar el siguiente mensaje

27.6.22

IV.

 

¿A quién iban dirigidos aquellos mensajes? ¿Quién seguía pensando en  “mi” en cada atardecer, en cada  arcoíris,  en tantos detalles sencillos del día a día? ¿Quién era “yo”?

Lo admito, hubo momentos en los que  sentí miedo, en  los que pensé en bloquear su número,  pero también los hubo en los que me pregunté de quien había sido anteriormente mi número de teléfono, qué le había pasado, qué tipo de  relación “nos” unía, y hasta cuándo iba a seguir compartiendo  momentos “conmigo” aunque  sólo  recibiese silencio por mi lado. 

Con cada mensaje  volvía a poner  preguntas sobre la mesa, y a hacerme sentir un obstáculo en esa comunicación  unidireccional.  Me preguntaba hasta cuándo iban a seguir llegando mensajes, pero sobre todo, por qué no era capaz de contestar  un escueto “ te has confundido”, o algo como  “Este número me lo acaban de asignar y desconozco quien eres”

5.5.22

III

Y siguieron llegando mensajes y fotos, compartiendo atardecer  y arcoíris, besos y abrazos envueltos en mantitas de colores…

Y   tras cada foto, emoticono o palabra, siempre la misma pregunta.. ¿A quién iban dirigidos? ¿Quién se estaba perdiendo esas caricias?