Me pregunto si existen las casualidades o si, por el contrario, somos nosotros los que vamos uniendo hechos aislados e independientes hasta formar un collar de sucesos con los que justificar una idea nuestra. Recuerdo que el color de mi camiseta cuando la tuve por primera vez en los brazos era éste, y como, sin darme cuenta, mi armario se ha ido llenando de ese tono… Las lilas, las violetas y lirios se cuelan en mi vida, en forma de flores o de perfumes, mientras la voz de mi princesita, me recuerda que es su color favorito… El mío, no- le digo, aunque podría serlo, aunque quizá lo sea, pero yo me niegue verlo…
Pienso en la cantidad de realidades que nos negamos a ver, a admitir; en las veces que cerramos los ojos y el resto de los sentidos para dejar las cosas pasar; en todos esos momentos en los que secuestramos nuestra voz, y arrinconamos nuestros pasos… Repaso las ocasiones en las que nos permitimos equivocarnos, en las que necesitábamos vivir algo, aún sabiendo que no nos correspondía, que no era el momento, el lugar, o las circunstancias… pero sentíamos que necesitábamos vivirlo, para que el "y si hubiese…" no nos martillease el alma…
Pienso en esta sociedad que no perdona equivocarse, en la que está mal visto tropezar, y urge levantarse rapídamente tras la caída… Falta reivindicar el derecho a equivocarse, consciente o inconscientemente; a permanecer en el suelo el tiempo que estimemos necesario; a ser nosotros mismos, pese a quien pese; a vivir nuestra vida tal y como nosotros la sintamos, sabiendo que el resto puede esperar,..