"No podemos cambiar las cartas que nos han repartido, sólo podemos tomar la decisión de cómo jugaremos esa mano" R. Pausch
28.1.10
Baches existenciales
27.1.10
Búscame
20.1.10
Cruce de caminos
“Todo lo que empieza tiene un final”, así comenzaba un artículo del periódico para despedir a los “Paisajes interiores”. Un recorrido donde lo que se veía y lo que se sentía se entremezclan, donde el final era una invitación a un nuevo principio, quizá más interior aún. Un paseo por lo que uno es, ha vivido, siente y ha sentido, una mirada nostálgica, un arañar esa capa de costra que la rutina deja… También, un levantar la mirada hacia el horizonte, enderezar el cuerpo y decirse “aquí estoy, ésta soy yo, ese es el camino a seguir”… pero, en la mayoría de los casos, el camino a seguir es un cruce de varios de ellos, y no siempre, es fácil decidir cuál es el más adecuado. Además no cabe la posibilidad de regresar sobre nuestros pasos.
El tiempo va dejando su huella, no sólo en la piel. También en el alma. El ímpetu ha dado paso al conformismo, a preferir “lo malo conocido, que lo bueno por conocer”,…
Algunas fechas fomentan pensamientos tipo balance, nos da por pensar en lo que somos (tenemos), y compararlo con lo que un día soñamos ser (tener), e incluso hacerlo con un futuro entre corto y medio plazo. A menudo ese cálculo es devastador, porque nos damos cuenta de lo que nos falta, de todo lo que hemos ido dejando por el camino, del valor relativo de las cosas… ¡hemos conseguido salvar bastantes cosas en este naufragio del paso del tiempo! Pero no siempre bastantes es sinónimo de suficientes.
Este blog, es una esas cosas que sigue flotando a mi vera. A veces, incluso a mi misma me sorprende este hecho. Ya no es lo que era. Pero ese alma romántica que no tengo, me impide matarlo. Quizá porque su muerte es un poco la mía y la de algunos sueños, pero verlo agonizar, duele… ¿y ahora qué? A mí también me gustaría saberlo…
11.1.10
14.12.09
Billete de ida y vuelta
Somos una generación que hemos crecido sin arraigo a la tierra. Ciudadanos del mundo, dicen algunos, mercenarios de las oportunidades viajamos ligeros de equipaje. Hemos cortado el cordón umbilical que nos une a los lugares desde los que partimos, o quizá nunca hemos pasado suficiente tiempo en ningún lugar para sentir que hemos enraizado. Somos buscadores de paraísos perdidos. Nuestros padres abandonaron su casa en busca de una oportunidad. Nosotros no hemos querido encontrar el camino de regreso.
Volvemos, pero nunca compramos un billete de sólo ida. Y en ese regreso que apenas dura unos días, esperamos que se haya establecido un pacto, que el tiempo no haya desgastado nuestros recuerdos, que podamos retomar la vida, en el instante siguiente al que nos fuimos la anterior vez. Pero las estaciones se suceden aunque no haya nadie quien las mire o las viva… y uno envejece más deprisa, cuando no tiene a nadie que le contagie vida…
9.12.09
Espadas de doble filo
Dice el refrán que las palabras son espadas de doble filo que sirven para crear, describir, analizar, revivir,… lo que pasa por nuestra cabeza. Son bosquejos de una realidad que, al menos, existe en nuestra imaginación. Paraíso o infierno, luz u oscuridad, según el caso.
A veces son nuestros pinceles para soñar, dibujar mundos, pintar puertas por la que colarnos y soñar; otras, son los barrotes de nuestra cárcel, el candado sin llave, el frío interior…
Uno es esclavo de sus palabras y dueño de su silencio. Quizá por eso uno se acomoda en ese colchón de sensaciones interiores hasta hacerlo una extensión de uno mismo y una vez que uno se adentra en ese laberinto, encontrar la salida empieza a dejar de tener sentido…
23.11.09
Paisajes
3.11.09
Hoy no. Tal vez mañana
Acaricié mi reflejo en el agua y soñé con desparecer junto a él. Quise perderme en el anonimato, cubrirme con vestimentas de olvido, alejarme por la vereda que la niebla borra… Quise ser silencio, fundirme con el tono sepia de los recuerdos, viajar como polizonte en un barco de papel, naufragar en el país de nunca jamás… Quise volar sin alas, merodear entre los escombros, vagabundear por lugares abandonados…
Caminé por el borde de los acantilados sin preocuparme si una ráfaga de viento me alejaba para siempre de este lugar… Dice Fernando Pessoa, que la angustia es el precio de la libertad, y en mi bolsillo, aún quedaban algunas monedas…

