16.2.10

Somos

Somos incluso en el olvido. Al nacer comenzamos a escribir nuestra historia, a veces sin palabras y otras con montones de ellas. Vamos añadiendo a cada paso algunas gotas de ilusión y una pizca de nostalgias. Avanzamos. Siempre avanzamos, incluso cuando estamos inmersos en algún laberinto de incertidumbres. No se pueden recoger los pasos ni desandar lo andado. Somos gotas de lluvia camino del mar.

Nuestra conciencia es nuestro juez y la memoria, el libro que llevamos con nosotros. Cargamos sobre nuestras espaldas sueños y realidades, decepciones y éxitos, viajes de ida y algunos de retorno. Tenemos cicatrices en el alma y escarcha en la mirada.

Somos siluetas en el espejo, reflejos en el agua, sombras en un día de sol, estatuas de sal.

En ocasiones somos un mundo y en otras, cenizas de un fuego extinguido…

5.2.10

Obsesiones

Me dan miedo las obsesiones, todo lo que nos empuja a una idea fija, sin que veamos otra cosa más que ella, avanzando como apisonadoras con lo que nos cruzamos. Los retos, bien entendidos, no dejan de ser motivaciones para superarse, semillas que plantar y cuidar en nuestro jardín más personal. Pero cuando el horizonte se nubla, y nuestra ceguera se hace más patente, no puedo evitar sentir cómo el frío recorre mi interior, y las alarmas se encienden. Es el momento de salir corriendo en busca de un refugio donde protegerse, donde poder pensar en los pasos siguientes a dar, o simplemente donde reencontrarse.

28.1.10

Baches existenciales

Era una conversación informal, de esas que se forman en improvisados corrillos de lugares sin nombre propio, una de esas charlas intrascendentes que deambulan por los cerros de Úbeda hasta llegar a un destino improvisado. Acabaron hablando de la vida en primera y tercera persona, de cómo el destino describe caminos no previstos, de los atajos y también de los rodeos que se dan, de cómo el día a día zarandea el inestable equilibrio... Intentaban colocar piezas en una historia narrada a dos voces, descartando aquellas que aparentemente no ajustaban, encajando otras que habían pasado desapercibidas anteriormente…Tantas visiones de lo mismo, como ojos que miran, tantas reflexiones como cabezas dispuestas a pensar y analizar, escuchan… y siempre esa sensación de retorno.
Ese regreso a un mundo que ya no nos pertenece, o no al menos como nos gustaría, ese intento de volver a un refugio que sólo existe en nuestra memoria, a un tiempo pasado que nos ayude a encontrar un futuro aún sin escribir… o simplemente que nos anestesie un poco ese malestar que se produce cuando las historias agitan nuestras entrañas. Todos los paraísos, parece ser, tienen su serpiente. La sociedad está llena de túneles desconocidos, de recovecos en las relaciones interpersonales. Demasiada letra pequeña, que leímos por encima, o no leímos, en contratos que un día firmamos como indefinidos y resultaron ser hasta fin de obra. Todo es relativo. También nosotros y lo que sentimos.

"No podemos cambiar las cartas que nos han repartido, sólo podemos tomar la decisión de cómo jugaremos esa mano" R. Pausch

27.1.10

Búscame

Búscame entre las gotas de rocío,
en el silencio que separa dos notas musicales,
entre las hojas del otoño,...

Búscame en el viento que juega al escondite entre los árboles,
en la corriente del agua del río camino del mar,..

Búscame,...
aunque nunca me halles

20.1.10

Cruce de caminos

“Todo lo que empieza tiene un final”, así comenzaba un artículo del periódico para despedir a los “Paisajes interiores”. Un recorrido donde lo que se veía y lo que se sentía se entremezclan, donde el final era una invitación a un nuevo principio, quizá más interior aún. Un paseo por lo que uno es, ha vivido, siente y ha sentido, una mirada nostálgica, un arañar esa capa de costra que la rutina deja… También, un levantar la mirada hacia el horizonte, enderezar el cuerpo y decirse “aquí estoy, ésta soy yo, ese es el camino a seguir”… pero, en la mayoría de los casos, el camino a seguir es un cruce de varios de ellos, y no siempre, es fácil decidir cuál es el más adecuado. Además no cabe la posibilidad de regresar sobre nuestros pasos.
El tiempo va dejando su huella, no sólo en la piel. También en el alma. El ímpetu ha dado paso al conformismo, a preferir “lo malo conocido, que lo bueno por conocer”,…
Algunas fechas fomentan pensamientos tipo balance, nos da por pensar en lo que somos (tenemos), y compararlo con lo que un día soñamos ser (tener), e incluso hacerlo con un futuro entre corto y medio plazo. A menudo ese cálculo es devastador, porque nos damos cuenta de lo que nos falta, de todo lo que hemos ido dejando por el camino, del valor relativo de las cosas… ¡hemos conseguido salvar bastantes cosas en este naufragio del paso del tiempo! Pero no siempre bastantes es sinónimo de suficientes.
Este blog, es una esas cosas que sigue flotando a mi vera. A veces, incluso a mi misma me sorprende este hecho. Ya no es lo que era. Pero ese alma romántica que no tengo, me impide matarlo. Quizá porque su muerte es un poco la mía y la de algunos sueños, pero verlo agonizar, duele… ¿y ahora qué? A mí también me gustaría saberlo…

11.1.10

Arco Iris

Ojalá sirviesen para ayudarnos a colorear la esperanza

14.12.09

Billete de ida y vuelta

No hay nada como perderse una tarde de invierno, cuando el viento azota las pocas hojas que aún se resisten en los árboles, por alguno de esos rincones donde la vida trascurre alrededor de una chimenea, en el mejor de los casos, para sentir que hay un mundo que agoniza frente a nosotros. Cuando uno recorre alguno de esos lugares, donde las omnipresentes ruinas nos recuerdan que hubo un tiempo en el que se escuchaban los latidos, uno no puede dejar de preguntarse si aún es posible encontrar en medio de ese mundo en peligro de extinción, algún brote de esperanza.

Somos una generación que hemos crecido sin arraigo a la tierra. Ciudadanos del mundo, dicen algunos, mercenarios de las oportunidades viajamos ligeros de equipaje. Hemos cortado el cordón umbilical que nos une a los lugares desde los que partimos, o quizá nunca hemos pasado suficiente tiempo en ningún lugar para sentir que hemos enraizado. Somos buscadores de paraísos perdidos. Nuestros padres abandonaron su casa en busca de una oportunidad. Nosotros no hemos querido encontrar el camino de regreso.

Volvemos, pero nunca compramos un billete de sólo ida. Y en ese regreso que apenas dura unos días, esperamos que se haya establecido un pacto, que el tiempo no haya desgastado nuestros recuerdos, que podamos retomar la vida, en el instante siguiente al que nos fuimos la anterior vez. Pero las estaciones se suceden aunque no haya nadie quien las mire o las viva… y uno envejece más deprisa, cuando no tiene a nadie que le contagie vida…

9.12.09

Espadas de doble filo

Dice el refrán que las palabras son espadas de doble filo que sirven para crear, describir, analizar, revivir,… lo que pasa por nuestra cabeza. Son bosquejos de una realidad que, al menos, existe en nuestra imaginación. Paraíso o infierno, luz u oscuridad, según el caso.

A veces son nuestros pinceles para soñar, dibujar mundos, pintar puertas por la que colarnos y soñar; otras, son los barrotes de nuestra cárcel, el candado sin llave, el frío interior…

Uno es  esclavo de sus palabras y dueño de su silencio. Quizá por eso uno se acomoda en ese colchón de sensaciones interiores hasta hacerlo una extensión de uno mismo y  una vez que uno se adentra en ese laberinto, encontrar la salida empieza a dejar de tener sentido…