24.5.11

No es una más

No tiene porqué ser diferente al resto. Ni más grande, ni más redondeada, ni más alargada. Podría ser una más, y pasar desapercibida entre las anteriores. Pero ésta no lo es. Es la gota que se desparrama una vez colmado el vaso. Ya no hay sitio para ella. Ya no hay barreras que la detengan. 
 

Podría haber sido una más, haber probado la resistencia de los amarres, y regresar resignada al punto de partida, dejando que el tiempo trascurra tras los cristales. Dejando que la vida se conjugue en tercera persona, como si no fuese con ella.  

No es diferente al resto, pero no es una más.  Es la última antes de levantarse y comprar un billete de sólo ida…

 

18.5.11

Y ahora qué


¿Y ahora qué? me preguntaste y no supe qué contestar. Estaba tan confundida, tan acomodada a esta monotonía, que no quería pensar ni ver qué había más allá. El futuro siempre fue una tormenta de la que resguardarse, un inmenso océano de ansiedad, un laberinto sin luces.

Todo se resume a miedo, me repito cuando la cabeza toma la palabra. Al mañana, a lo desconocido, a las inseguridades, a perder ese [falso] equilibrio en el que hemos cimentado nuestra existencia…

¿Y ahora qué? Nada. El miedo parece paralizarlo todo. Nos repetimos: tiempo al tiempo, esto también pasará. Son los salvavidas donde nos agarramos esperando que amaine la tormenta, el paraguas donde nos refugiamos mientras se aclara todo…


El tiempo: ese as que siempre guardamos en la manga, la cara y la cruz de nuestra moneda. A veces nuestro aliado y otras, nuestro mayor enemigo…

Y ahora qué, me preguntas y me gustaría responderte sin reparos,  que me atrevo a saltar al vacío, ¿qué nuevo reto me ofreces?..



6.5.11

Sin firma

Nunca firmo mis "obras". Ni siquiera cuando las considero acabadas. Dicen que cuando uno concluye algo debe firmarlo. Es como marcar a fuego que es tuyo, que tu lo hiciste, que te pertenece, que pasaste por ahí,…  Imagino que un psicólogo tendrá una explicación a este tipo de comportamiento. Quizá el miedo a enfrentarse al siguiente, en blanco. Porque siempre hay uno después, aunque sea en un futuro aún sin determinar. Envidio a ese tipo de personas que se guardan en la manga ideas para tantos siguientes, que no se paran a pensar en ese "y ahora qué" que yo tanto temo. No se embarcarme en un proyecto que no me ilusione, que no me haga sentir que el esfuerzo merece la pena,… por eso necesito visualizarlo antes, encontrarle un rincón especial para él… 

8.3.11

Sencillamente...

La serenidad tiene esa luz cálida que embellece la sencillez sin achicharrarla,  que guía la mirada de un lugar a otro como si fuese mariposas inquietas en un paraíso primaveral...   La felicidad son pequeñas gotas de rocío que se funden con los tiernos rayos  de sol jugando al escondite entre las ramas de los chopos aún desnudos. 
Es el deambular de las cigüeñas preparando el nido, el trino de los pajarillos, el sonido del agua que corre risueña por los arroyos...  El latido de la vida se hace más patente,  deleitándonos en cada paso, despertando poco a poco nuestros sentidos aletargados tras el frío invierno...   El paraíso es eso,  un instante de tiempo  que nos gustaría que fuese eterno...

14.2.11

Denuncia

La planta X del hospital está llena de sorianos pero no estamos en Soria.   Los caballitos celtiberos en los coches aparcados por los alrededores ya nos lo iban avisando cuando nos acercábamos.  Algunos han hecho de una habitación compartida su nueva casa. Otros la compaginan con una habitación en la pensión de enfrente del hospital. Llegaron para una prueba médica, una de tantas que en su lugar de origen no se hacen porque no hay suficientes medios, y se quedaron aquí esperando alguna otra o un simple diagnostico.  Por cálculo de probabilidades, la mayoría  serán ancianos. Casi todos llegaron en ambulancia, solos porque no se permite acompañante. Los más afortunados  fueron seguidos por algún familiar al volante de su coche (no hay combinación posible de tren y la de autobús, tampoco es mucho mejor).   En el mejor de los casos sólo 150km separa su cama de siempre de la de ahora, pero esa cifra  puede  duplicarse sin mucho esfuerzo.

El ala sur (y la norte) de esta planta (y de alguna más, me temo) está llena de historias que podrían inspirar un buen puñado de guiones cinematográficos, pero a nadie parece interesarle esas vidas. Sólo son un puñado insignificante de votos  para  los políticos.   A nadie parece importarle  el coste emocional y económico que supone ese sinvivir a  varios cientos de kilómetros.  No hay conciliación posible. Ni laboral ni personal.  En el hospital dicen que no es necesario acompañarles, pero sólo hace falta mirarles a los ojos para ver la inmensa tristeza que se instala en ellos  cuando sus familiares se van.   No hay partida presupuestaria para eso. Es más económico un antidepresivo o una pastilla para dormir  (y olvidar esa realidad).  

Hace unos días, el periódico  ponía cifras a esa situación: el 20% de los pacientes ingresados, lo están fuera de su provincia, pero el amargo significado de ese dato  no parece verse hasta que se padece en primera persona.  
La planta  X del  hospital está llena de personas que sueñan con volver a casa. Unos trabajan allí.  Otros están enfermos y junto con sus familias, sufren los efectos colaterales de este endoso sanitario.

7.2.11

Tomás

Se fueron poco a poco. Un día uno, a la semana siguiente otro, y así año tras año...  hemos quedado sólo tres vecinos, contaba Tomás,  en un pueblo grande…Quizás demasiado amplio,  cuando las fuerzas comienzan a flaquear,  y los pasos se tornan más torpes para recorrer las calles demasiado silenciosas. Sobran puertas cerradas y recuerdos que alimentan un presente  demasiado tranquilo. Poco de nuevo hay que contar, aquí no pasa nada, podríamos añadir.
Pero sólo hace falta acercase un poco más a El, hablarle despacio al oido, mirarle de frente a esos ojos grises que ya no ven como antes, para darse cuenta que tiene mucho que contar, si hay alguien dispuesto a escucharle… Habla de su niñez, del pan negro y las envidias, de sus días con el zurrón al hombro,  de cómo conoció a su mujer, de sus hijos, pero sobretodo de sus nietos…  Habla de algunos de sus miedos, y de lo privilegiado que se siente. No sabe cuánto cobra de pensión ni le preocupa no llevar un céntimo en el bolsillo.  El panadero va dos veces por semana: el martes y el sábado. El jueves suele ir  un furgón que lleva un poco de todo. El médico se acerca al pueblo el primer jueves de cada mes.  El cura va más de vez en cuando,  pero El ha dejado de ir a la iglesia porque no puede llegar a ella.   A las ocho de la mañana se levanta, y  las nueve se va a dormir. También en el hospital. Le gusta la comida que le dan sin sal, y las horas no se le hacen eternas.
A veces, se emociona al recordar cosas, o al poner palabras a sus sentimientos. Lo que seguramente no es consciente es de lo generoso que es cuando comparte sus recuerdos…

7/2/11 

2.2.11

... de escobas

[...] pero así son estas cosas. Uno entra por una puerta y cree que puede andar sin miedo, que la salida siempre va a estar cerca. Mentira. A veces no se puede salir. A veces, uno queda atrapado en una situación que ni siquiera imaginó al principio.

[…] Pensaba en las extrañas vueltas que tiene la vida. Pensaba que nada es para siempre, que estamos todo el tiempo en movimiento, buscándonos, buscando nuestro verdadero lugar, el que nos corresponde. Y que es mejor así. Mejor que nunca terminemos de encontrarnos, Maciel. Mejor moverse, aunque duela. La quietud es la muerte.

Libro: El vendedor de escobas. Claudia Amengual

28.1.11

Háblame de...

Miércoles. Otro miércoles más.  La novedad ha dado paso a la rutina y hay que rebuscar en  los bolsillos un motivo, a menudo esquivo, para continuar. Y otra vez más,  me preguntó qué hay detrás de cada rostro, qué arrastra a cada uno de nosotros a cambiar una sobremesa familiar, por una tertulia  con desconocidos. Quizá  sólo saciar esa necesidad de rellenar el tiempo, de escapar del tedio,… Quizá  es una estrategia en esta lucha contra el olvido, otra manera de afrontar el reto de aprender.

Leo, "los libros son espejos: sólo se ve en ellos lo que uno ya lleva dentro" (*), y no puedo evitar pensar cuánta razón encierran esas palabras. Como si fuese un botón que se pulsa y enciende un circuito, la pregunta "qué lleva a alguien a hablar de un libro  u otro"  me hace pensar, cuánto de nosotros mismos esconde esa simple respuesta…

Es como si alguien nos dijese "Háblame de lo has encontrado en lo  que lees, para poder conocerte".  "Háblame de tu libro favorito, que quiero saber más de ti"

 

(*)Carlos Ruiz Zafón, en La sombra del viento