Dicen que el reloj se para cuando uno se adentra en el corazón de El Valle, que los ojos se inundan de vistas y tonos inolvidables... Quizá por eso algunos lo llaman “Volver al mundo”…
31.7.06
El Valle
Dicen que el reloj se para cuando uno se adentra en el corazón de El Valle, que los ojos se inundan de vistas y tonos inolvidables... Quizá por eso algunos lo llaman “Volver al mundo”…
25.7.06
Tierra
Es en días como éstos, cuando mis pasos se pierden entre tierras de barbecho y otras llanuras recién cosechadas, cuando soy más consciente que nunca de que frente a mi tengo un presente que se cocina sin aroma de futuro. El cielo gira por estas tierras, pero la mayoría de ellas desaparecerán a la par que se borra de la memoria de un anciano sus vivencias e historias. Caminan hacia un futuro que no existe, al menos como lo entienden algunos.
Hemos renunciado a la tierra o, quizás, sea más justo decir que la hemos despreciado. Es la herencia de nuestros antepasados, la amante a la que mimaron de sol a sol, a la que conquistaron con el sudor de su frente, y acariciaron con sus manos endurecidas por la vida.
Es en momentos como éste, cuando la noche se vuelve silencio, sin coches ni polución que nos impidan ver las estrellas mientras escuchamos el canto de algún grillo cuando uno siente en la piel y en el alma que uno es un espectador de excepción en esta última representación de un modo de vida, de un modo de sentir la tierra que nunca aparecerá en los libros.
Cuando la noche avanza, si uno escucha atentamente se puede oír a esa amante rechazada que llora su desgracia por las esquinas, y uno se siente como un miserable traidor por no correr a su encuentro, a sus brazos y decirle al oído que la queremos más que nuestra vida, que la llevamos allí donde vamos…
20.7.06
Caminando
17.7.06
Tapamos
13.7.06
Calandraca
Todavía mi memoria se sonroja cuando recuerdo aquel mediodía en una playa de la costa de la luz. La semana de vacaciones tocaba su fin. Había llegado la hora de mirar por última vez el Atlántico y emprender el camino de regreso hacia el norte. A orillas del mar, el agua de la ducha arrastró la sal de nuestra piel y volvimos a ser peces de agua dulce. Aquel pueblo de chalet blancos estaba desierto aquel mediodía. Su gente estaba congregada frente a un televisión animando a la selección de fútbol. Las aceras se convirtieron en una extensión de la playa mientras paseamos nuestro bikini desde el chiringuito hasta coche atravesando aquella plaza. Y en aquel desfile improvisado en mitad de la calle, unos espectadores de excepción: unos boys scauts y los clientes de un bar. No recuerdo que dijeron. Yo sólo pensaba en acelerar el paso y repetir aquello de “tierra, trágame”.
¡Cuánta vergüenza pasé, cuando alguien nos decía algo o simplemente nos miraba! ¡Qué ingenua me sentí cuando pensé que lo malo había ya pasado cuando llegamos al lugar donde estaba estacionado el vehículo! Ni corta ni perezosa, como aquel que cree que la calle es su casa mi amiga sacó la maleta, y la abrió de par en par en mitad de la vía, convirtiendo aquel lugar en un vestíbulo improvisado. Sin prisas pero sin pausas, entre cremas hidratantes y espumas capilares, la “calandraca” de la sirenita se fue engalanando frente a la puerta de la iglesia. Más de uno que pasaba se frotaba los ojos y casi se disloca la cabeza buscando una cámara oculta que expliqué cómo una sirena se convierte en princesa en mitad de la calle,…
12.7.06
Vientos del sur
Volvimos a ser unos niños cuando pisamos la cubierta de aquellas carabelas. Era la puerta a un tiempo pasado que se reestrenaba ante las miradas atónitas de aquellos que son capaces de vestirse con la piel de otros. Durante unos minutos fuimos marineros en aquellas cáscaras de nuez que surcaron mares persiguiendo un sueño. Tuvimos en nuestras manos el timonel y la brújula. Escribimos nuestros nombres en aquel cuaderno de bitácoras. Recorrimos cubiertas, toldas, bodegas y camarotes bajo la atenta mirada del río Tinto. Acariciábamos las sogas y las maderas impregnándonos de sensaciones del pasado como si fuesen presentes. Todo viaje tiene un punto de partida, y el nuestro había comenzado…
10.7.06
Manuela
7.7.06
Instantes efimeros
¿Has dejado que tus ojos miren atónitos el cortejo entre el día y la noche?
5.7.06
A oscuras
El mundo enmudece, el tic tac del reloj suena más alto y los sentidos parecen más despiertos.
Para un niño sin sueño las noches son siempre demasiado largas. El insomnio despierta los fantasmas y los recelos. Nuestra conciencia es el sereno que recorre nuestros pensamientos mientras nuestro ser duerme.
La oscuridad desnuda la superficialidad de las cosas, borra sus formas y colores. Sólo deja su esencia. Nos aísla del mundo y sus distracciones. Aviva nuestra sensibilidad para dejarnos después, a solas con nuestras reflexiones y nuestros miedos.
Cae la noche. En esa combinación de sombras y silencios, comienza el juego de seducción entre la vigilia y los sueños. Todos duermen. Yo imagino, yo sueño…