Mírate. ¿Cuánto hace que no te miras al espejo? Atrévete. ¿No eras tu quien decía que le gustaban los retos?. !Venga!. ¿De quién es esa cara que te está mirando? Admítelo. Realmente no la reconoces. ¿Verdad? La ves todos los días pero has dejado de fijarte en ella. No eres capaz de mirarla frente a frente, a los ojos. Quizá porque temes que esa mirada perdida sea el remolino que te engulla en tus miedos. Fíjate. Pareces una niña desorientada, que busca un refugio donde guarecerse del frío de la noche. Pero tus noches parecen no tener final.
Escúchame. Piensa. ¿Por qué dejaste que el silencio enmudeciese tu risa? ¿No eras tu quién pedía a la vida que la sedujera cada día? Ahora, ni siquiera tu voz suena risueña cuando hablas de tu mundo, o de ese último descubrimiento que encontrarte por azar.
Mírate. Quizá va siendo hora de que dejes de acariciar tus heridas, recojas tus cosas, y empieces a caminar…
Escúchame. Piensa. ¿Por qué dejaste que el silencio enmudeciese tu risa? ¿No eras tu quién pedía a la vida que la sedujera cada día? Ahora, ni siquiera tu voz suena risueña cuando hablas de tu mundo, o de ese último descubrimiento que encontrarte por azar.
Mírate. Quizá va siendo hora de que dejes de acariciar tus heridas, recojas tus cosas, y empieces a caminar…
Fdo. Tu conciencia